GalloSaxo Garcius

El conde de GalloSaxo cayó víctima de su propia maldición.

Juró que el día en que desaparecieran todos los gallos de su corral , él mismo sería el encargado de poner las notas cacareantes a cada amanecer. Y le escucharon las hadas.

En pocos años, los gallos desaparecieron, pero el conde seguía roncando profundamente al alba, incumpliendo su promesa. Un día un hada del destino le regaló un saxofón mágico, tanto, que al soplar sus primeros acordes se fundió con él dando lugar a una extraña criatura:

El último gallo del corral, El conde de GalloSaxo que desde entonces pone notas de color cada día, con las primeras luces.

 

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